Hola! Soy L. tengo 16 años, yo recuerdo haber tenido una infancia muy feliz con mi familia. Era una niña bastante rebeldilla y contestona. Tenía un carácter muy fuerte, pero ya con 6 años este carácter sólo era capaz de demostrarlo en mi casa porque en el colegio y con las amigas era incapaz, más bien tenia un comportamiento que era dominada por mis otras amigas, siempre me sentía inferior y obedecía bastante lo que me decían las otras chicas, incluso mi estado de ánimo variaba bastante dependiendo de mis amigas. Yo me he quedado con la idea que yo siempre he sido muy buena amiga de mis amigas pero no sé hasta que punto este comportamiento era real y ya me salía por natural. Desde ésta edad ya tuve muchos desengaños, una de mis mejores amigas de toda la vida me utilizaba bastante y como que ya, me doy cuenta que desde pequeña he tenido dificultades con las relaciones sociales, siempre había tenido una amiga en especial y no era capaz de relacionarme con más gente y menos aún con los chicos.

Me lleve muchos golpes con una amiga llamada M. Con 8 años o así me hizo mucho daño, a las dos nos gustaba el mismo chico, pero yo no fui capaz de decírselo porque no quería hacerle daño y no quería que apareciera competitividad entre las dos ya que era mi única amiga, incluso con 10 años le daba consejos para que estuviera con él, así hasta 5 años aproximadamente. Durante este período yo aprendí que los estudios eran imprescindibles para la vida de una persona, mi padre me inculcó su importancia, todos los días me hacían estudiar y por la tarde no veía el TV no me dejaban, a partir de entonces ya con 6 o 7 añitos me convertí en una muy buena estudiante, mi propósito era sacar muy buenas notas. Me gustaba cuando mis profesores me felicitaban por mis buenas notas, siempre me había comparado mucho con las notas que sacaban mis compañeras. Según las horas que me decían que habían estado estudiando, me sentía muy inútil e insignificante cuando habían estudiado menos horas que yo y su nota era más alta. Me empezaba a fijar con el tipo de chicas que buscaban los chicos: la mayoría mucho más desarrolladas que yo y más delgaditas, más guapas, más enrolladas, etc... Yo en cambio siempre iba vestida con ropa de niña, aunque hubo una época que cambié totalmente mi estilo, vestía como un chico. Le pedí a mi madre que la ropa que se le quedaba pequeña a mi hermano que quería tenerla yo y me recogía el pelo con una trenza, para ver si quizás me podía acercar más a ellos, pero ni con esas...


Con 10 años me sucedió algo impensable para mí, y al mismo tiempo vergonzoso: un día una chica de mi edad me obligó a tocarla, a besarla por ciertas partes. De esto me avergüenzo y aún no he sido capaz de contárselo a nadie porque me siento sucia por haberlo hecho y porque ella era una chica. Quizás no tiene tanta importancia, pero para mi la tiene ya que nadie conocía este secreto. En sexto cambié de clase y una de mis mejores amigas me hizo lo mismo con el chico que anteriormente me había gustado tanto, se llama V., empezaron a salir juntos y nuevamente me llevé un desengaño y aunque me sentía traicionada yo seguía dando buenos consejos para que estuviesen juntos. Durante este tiempo también me hice con otra amiga y me di cuenta que no sé pero que yo parecía la consejera de todo el mundo y me daba cuenta que la peña sólo quería ser amiga mía porque yo era la típica que siempre estaba allí, como un pañuelo de lágrimas. Cuando empecé 1ro. de ESO me llevé mi gran desengaño: V. Que me había gustado tanto, me dijo que era muy fea, que tenía un tipo horrible y que era una borde. Cuando él me dijo esto recuerdo que le sonreí porque estaba toda la clase escuchando y todo el mundo se puso a reír. Durante mucho tiempo lo pasé fatal pero yo seguía siendo tan amable como siempre, aunque en mi casa era totalmente contraria, parecían dos L. totalmente diferentes. A partir de entonces empecé a cambiar mi forma de vestir y a coger un estilo más garrulillo, mi cuerpo ya no lo aceptaba como antes pero tampoco hice nada para empezarlo a cambiarlo.

Mi relación con mi madre era cada vez más estrecha, estábamos muy unidas. Hasta entonces nosotros habíamos tenido una caravana en un camping pero debido a problemas económicos esta la tuvimos que vender y perdí a mis amigas que tenía allí. Cuando empecé 1ro. de ESO ya mi exigencia era bastante alta y siempre buscaba las notas máximas. Normalmente me pasaba todos los fines de semana en casa, salía muy de vez en cuando y llegué a no tener amigas. En el verano del 2002 tuvimos muchos problemas, la empresa no daba vacaciones a mi madre, estábamos todos amargados y lo intentamos todo pero ese año por lo visto no íbamos a tener mucha suerte... meses antes a mi abuela que vivía en casa le salió cáncer en el pecho y tuvieron que operarla para estirpárselo. Pasamos muchos nervios pero todo salió bien, aunque en setiembre mi abuela empezó a tener más problemas, tenía asma, no respiraba bien, y poco a poco fue enfermando hasta que se le diagnosticó la metástasis. Lo pasamos muy mal, tenía mucho sufrimiento y la vi apagarse como una vela. Su muerte fue horrible ya que vivía con nosotros y teníamos mucho contacto. Ahora aún me resulta difícil mirar una foto suya, no puedo! A partir de entonces había tonteado un poco con la comida pero desde entonces todo empezó a ir más mal, en 4rto. de ESO recuerdo que empecé a restringir, me comía medio bocadillo y el resto lo tiraba.

Hacía mucho ejercicio y abdominales y además, estudiaba un montón. Recuerdo que aunque en un examen sacase un 8, yo me animaba siempre a buscar más. Otra amiga mía también estaba obsesionada con el cuerpo y no paraba de hacer régimen, la envidiaba un montón porque ella podía y yo no. La veía con el pan integral o bien comiendo cosas de régimen, y si se adelgazaba yo le decía que lo dejara ya que ella ya estaba bien, y que todo esto eran tonterías. A finales de ese año todo el mundo me decía que estaba muy delgada y mi madre estaba preocupada pero a mí me gustaba. Durante las vacaciones del 2003 empecé a restringir a saco.

Aproveché el tiempo en que mis padres no estaban tan pendientes de mí para comer menos. Incluso mi abuelo se daba cuenta. Me comparaba con el cuerpo de mi prima aunque ella y yo somos de constituciones bien diferentes, me alegraba cuando ella comía algo más que yo, siempre buscaba que los de mi alrededor comieran algo más. Ese año 2003, en Setiembre empecé en una nueva escuela, estaba muy nerviosa e insegura. Desde que empecé el colegio los bocadillos los tiraba, engañaba a mi madre, bueno a toda la familia. A lo mejor les decía que había merendado y luego no lo había hecho y si comía algo luego lo tenía que quemar como fuese. Hacía mucho ejercicio y me ponía en la hora del sol para sudar más, y recuerdo que subía cada día a casa de mi tía varias veces para pesarme en la báscula.

Durante el curso me pasaba todos los fines de semana en casa haciendo trabajos o estudiando, había veces que me encerraba los Viernes y salía el Domingo por la mañana. Poco a poco fue empeorando y me quedé como un esqueleto, mi ánimo estaba por los suelos, no tenía alegría y caí en una depresión. Una de mis amigas que se había venido conmigo en el cambio de colegio , me aconsejo una psicóloga para que me ayudase y fui con esta, no fui totalmente honesta y por eso no me supo detectar la enfermedad, aunque yo le decía que restringía y todo, total, que un día mi madre angustiada de verme así le preguntó que si lo mío era anorexia y ella le contestó que no. Recuerdo que después de cada consulta yo estaba mal, me quedaba peor.

Todos los días tenía que planear como iba a esconder la comida, hasta que un día una amiga me descubrió y se lo dijo a mi madre que yo tiraba los bocadillos. Cuando mi madre lo descubrió se asustó un montón y a mi me dio mi primer ataque de ansiedad y ataques de pánico en los cuales aparecía un hombre de negro en una calle muy oscura y que me quería hacer daño. Debido a la rabia que le cogí a mi padre y las cosas que yo le contaba a la psicóloga de él me dijo que era posible que ese hombre que aparecía en mis ataques de ansiedad fuese mi padre, sufrí mucho cuando ella me dijo eso. Al poco tiempo necesité medicación y mis padres me llevaron a un psiquiatra llamado Dr. Domingo, el cual enseguida detectó la enfermedad y me recomendó el centro Labor-Nepp. Hasta entonces había pasado por varios hospitales debido a los ataques de ansiedad. He olvidado contar que incluso en el nuevo colegio estaba bastante aislada y recuerdo que ya entonces los chicos me llamaban “la anoréxica” y me hizo mucho daño. Cuando fui al centro, se me plateó el hecho de que debía de dejar el colegio. Estuve dudando durante dos meses, me costó un montón tomar una decisión pero me vi obligada por mi mal estado de salud. El primer día que entré en el centro hice la entrevista con María (la psicóloga)y en las siguientes visitas hice unos test. Mis padres y yo nos quedamos de piedra cuando ya finalmente en Noviembre del 2003 me diagnosticaron anorexia, entonces empecé en el Grupo de Valoración con Laura y Clara. Recuerdo que me fue muy bien para empezar a asimilar mi enfermedad y empezar a comer algo mejor, aunque seguía haciendo restricciones, los tentes me los pasaba por el forro, llevaba yo el control de mi cuerpo y de la comida. También hacía mucha hiperactividad para compensar. Mi actitud en el grupo de valoración y mi conducta era aún muy enferma porque seguía mintiendo.

Justo empezar hospital de día, 2 o 3 meses después, las terapeutas me dieron un ultimátum: o bien hacia las ingestas y empezaba a ponerme en serio o me tenían que ingresar debido a mi bajo peso y a mi baja masa muscular. Me dijeron que era un riesgo que yo estuviera en el centro porque me podía dar un paro cardíaco o cualquier cosa y que me moriría. Ellas no se podían arriesgar a tener una persona en un estado tan pésimo. Les pedimos por favor un voto de confianza y me dieron como plazo una semana en la cual había de aumentar de peso o ingresaba.

Conseguí aumentar el peso un poquito y entré a hospital de día. Recuerdo que me costó un montón hacer las seis ingestas, me lo tuve que poner como compromiso y aún así opinaba con las comidas, ponía malas caras y me peleaba con mis padres para poder dejarme algo en el plato; una vez esto ya lo iba superando, cada vez hacía más hiperactividad porque en realidad tenia la necesidad de compensar, me pasaba las horas de pie, caminaba mucho, hice mucho ejercicio físico, tensaba, etc. Me ayudaron mucho las chicas del grupo, me marcaban mucho, así no podía hacer nada. Estaba todo el día sentada, no podía ni siquiera cruzar las piernas. Recuerdo que en casa intentaba manipular a mis padres para poder hacer alguna cosa. Durante muchos meses lo pasé fatal, además me tomaba los marcajes mal porque pensaba que me querían joder y fastidiarme, los consideraba un ataque para mí, hasta que al final los fui aceptando y vi la importancia en ellos. Recuerdo que lo que me fue muy bien para avanzar en el tratamiento fue estar en casa de una compañera de grupo porque aprendí como se vivía cumpliendo las pautas del tratamiento. También aprendí a expresar la angustia en terapia, lo escribía en una hoja, escribía las pautas que incumplía, cómo me sentía,... era la única forma con la que yo podía expresar toda la rabia que llevaba dentro. Durante mucho tiempo estuve trabajando la imagen para poder ser honesta con el grupo, ya que sino era muy difícil avanzar.

Tenía miedo de mostrarme tal y cómo soy, y por esto daba tanta imagen, pero con el tiempo se descubre que es imprescindible confiar en el grupo y con las terapeutas. Poco a poco vas viendo y diferenciando la parte enferma de la parte sana y es como una lucha interna que a mi personalmente me transmitía mucha rabia. A medida que vas aceptando las pautas, vas entrando mejor en el tratamiento, porque aunque las pautas son la base fundamental ves que también se trabajan otras cosas que nos hacen daño y que son dificultades. Vas viendo que a medida que te enfrentas y que se van superando cosas te permites vivir mejor. Los talleres también son muy importantes para trabajar las dificultades que mayoritariamente surgen en la enfermedad, como el echo de tener baja autoestima. En mi caso aun se ha de trabajar mucho para aprender a aceptarme tal y como soy. O el taller de habilidades sociales, él mostrarte tal y como soy, sin dar la imagen que esperan de mí las personas que me rodean.

El caso es que poco a poco vas aprendiendo que hay otra forma de vivir que no consiste en pensar todo el día con el cuerpo. Hay que pensar que no eres la única que sufre esta enfermedad y que bueno, a tu alrededor aunque al principio no lo creemos, hay gente que ha pasado por lo mismo y nos pueden ayudar.